
Yo cuido mi vainaPublicado en el diario TalCual el viernes 03 de febrero de 2012 Esta semana
podríamos dedicar este editorial humorístico al tema del la justicia, en directa relación con lo acontecido en el TSJ, pero preferimos seguir aquella
tradición filosófica que proclama que “no se habla de aquello que no existe”. También mañana se “celebra” un aniversario más
del 4 de febrero que ha mantenido a
helicópteros y aviones revoloteando sobre la ciudad capital. Pero mejor dejar también de lado el asunto, porque en los tiempos que vivimos funciona una
teoría del golpismo según la cual “golpe malo” es el que me dan a mí y “golpe bueno” es el que yo doy. Así que, por ahora, mañana se celebra un golpe
de los buenos. Mejor, pues, ocuparnos
del tema del oro, algo mucho más tangible que la justicia y la patria porque que
termina gobernando a las dos. Ya el oro de nuestras reservas fue “repatriado”.
Subrayo la palabra, que así apareció en los medios, no vayan a decir en unos
meses cuando ya nadie sepa dónde está, que ellos ya lo habían anunciado en su momento y que el oro
ya fue “repartido” y que los medios golpistas reseñaron como “repatriado” para
generar confusión. En el último lote
vinieron 14 toneladas, que llegaron en 28 cajas. Según la información aparecida
en prensa “tenemos” en total 360 toneladas.
Tomen nota, compatriotas, tomen nota. Ha sido
depositado en las bóvedas del Banco Central. El presidente de la institución dice que
ahora sí que están bien custodiados. No
sé por qué, pero yo no estoy tan seguro.
Yo como que prefería eso de que alguien confiable los guarde. Como esas
formas de ahorro popular en las cuales se le entrega la plata a una hermana y
se le dice: “guárdame estos reales y aunque te los pida no me los des”. A mí no deja de llamarme la atención la
sospechosa felicidad de nuestros funcionarios públicos por el acontecimiento y
el símbolo “$” que vi dibujado en muchos ojos puyúos. Ya el riesgo que ese oro
corrió subiendo de Maiquetía a Caracas, inquieta. Esos lingotes en manos
nuestras, si mi conocimiento de nosotros mismos no me falla, corren grave
riesgo de desaparecer en la primera borrachera económica que se nos
presente. Como son las vainas aquí yo me imagino situaciones como esta: “mira sácate
unos lingoticos ahí para venderlos en el Centro Joyero, que no cuadra la caja
chica petrolera”, o, quizá, algo como: “Oye…a
nos visita Ahmadineyab, vamos a darle un lingote para se lo cuelgue al cuello
con un cuerito”. Definitivamente, me asusta que nuestro oro nuestro esté tan
cerca de nosotros. Me aterra que en unos años cuando vengamos a ver alguien
diga: “yo te juro que eso estaba ahí, no
sé qué paso” o “muérete que se metieron unos malandros en la noche y se lo
llevaron”. Me inquieta que cualquier contingente de niños armados se sienta con
derecho a ir a buscarlo por la fuerza.
Me preocupa que, como todas las cosas que “son del pueblo”, terminen
siendo de los administradores del pueblo según el siguiente silogismo: El
oro es del pueblo Yo
soy el pueblo ____________ EL
ORO ES MIO Por las razones y las inquietudes
expuestas, siendo que el oro es de todos nosotros, yo prefiero guardar la parte
que me toca, No me lo tomen a mal, yo
sé que las bóvedas del banco central son seguras y confiables, me consta la
probidad administrativa de nuestros funcionarios, pero mejor denme la parte que
me toca, yo cuido mi vaina. |
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