
Ser VenezolanoPublicado en el diario TalCual el viernes 29 de junio de 2012 Nosotros porque ya no lo tomamos en serio,
entre otras cosas porque sabemos que esto no es la Alemania nazi, que los métodos de aquella, que en efecto se
aplican, están matizados por el trópico que todo lo corroe (lo bueno, pero también
lo malo, gracias a Dios. Alguna compensación tendría que tener este caos). Uno
sabe que aunque aquí se decidiera la construcción de cámaras de gas para
exterminar a esa mitad de la población -para
hacerle caso a Consultores 21- a la que
se considera enemiga de la patria, no venezolana, no humana, la corrupción no
permitirá la construcción de cámaras eficientes, que alguien se robará el
presupuesto del techo y el gas se escapará por las rendijas mal tapadas, pero
tampoco habrá gas venenoso, porque el contratista encargado de suministrar el
Zyclon-B, para meterse el doble del billete, llenará las bombonas de aire y al
final todos saldremos vivos y fortalecidos de la ducha. Pero además, los
encargados de mandarnos a “la solución final”, estoy seguro, se compadecerían
de nosotros y nos ayudarían a escapar. Lo anterior no atenúa la
gravedad del comentario. Para que esa mitad de la población que tiene derecho a
la vida lo entienda, imagínense que el Dr. Caldera hubiese dicho: “todo el que
no es calderista no es Venezolano”. ¿Qué creen ustedes que habría pasado?, ¿qué
creen ustedes que habrían dicho los que hoy aplauden este comentario desde el
gobierno? ¿Qué habría dicho la monja benedictina y doctora en Salud
Pública, Teresa Forcades i Vila y la
izquierda francesa? ¿Qué habría dicho el que te conté mismo si pudiese
viajar en el tiempo y verse ahora desde la futurología del pasado desde una
época en contra de la cual insurgió? ¿Se habría reconocido? Por más que uno sepa que no lo
van a exterminar, el genocidio de la palabra también surte su efecto. La
imaginación vuela. Yo saque mi cédula y la contemplé y pensé: “¿será que me la
van a cambiar, que me le van a poner un asterisco o algo?, ¿no es acaso la
lista de Tascón nuestra estrella de David?”. Uno sabe que todo es jodiendo: que
aquí nadie se va a suicidar con cápsulas de cianuro por el susodicho, perdiéndose
el goce de ingentes fortunas mal habidas, que no hay clima para trenes
repletos, que no habrá Tubinga, tan solo porque la obvia rima de la echaderita
de vaina desarmara el campo antes de que comience. Pero igual entra un friíto.
¿Si no soy venezolano, qué soy? ¿Qué son esos 20 mil votantes de Miami? ¿Qué es
ser venezolano en definitiva? Ser venezolano es ser educado,
no insultar a nadie salvo casos extremos de tránsito, donde hasta, seguramente,
el Cardenal Urosa suelta un desatino. El venezolano es sensible, compasivo,
amable detesta los privilegios, aunque los use con frecuencia. El venezolano
nunca cree que otro venezolano es menos venezolano que él, pensar distinto nos
es problema. Hace más de un siglo que no nos matamos por pensar distinto. Ser
venezolano es tener una mentalidad igualitaria, es pensar que la salsa que es
buena para el pavo lo es también para la pava, es reconocer la injusticia,
aunque saques provecho de ella. Ser venezolano es resolver con lo que se
consigue, preparar un desayuno con lo que sobró de ayer. Ser venezolano es
tener pasión por la música, cantar y bailar sabroso. Es tomarse una cerveza
fría en la mañana para matar el ratón de ayer. Ser venezolano es encomendarse a
La Virgen, pedir la bendición, es persignarse antes de emprender algo
importante. Ser venezolano es ser contradictorio, es tener un país en los
sueños y otro en la práctica cotidiana, también tener la certeza de que todo va
a estar bien. Es criticarnos a nosotros mismos y decir “bueno es que somos así,
qué vamos a hacer” o “por eso estamos como estamos”. Ser venezolano es creer
que somos un país rico, no tolerar al abusador cuando el que no abusa es uno.
Ser venezolano es ser sensible ante el dolor ajeno, echarle una mano al otro,
ser compasivo, perdonar y no ensañarse con el que está en desventura. Ser
venezolano es hablar una lengua diferente, muy parecida al español, pero mucho
más rica, llena de gestualidades, de palabras nuestras. Ser venezolano es vivir
con la certeza de que no hay mujeres más bellas que las nuestras, de que tenemos cielo, selva, nieve y playas
fabulosas al alcance de la mano. Ser venezolano es contar con el humor, con una
gracia característica de esta Tierra de Gracia, que, como en el Jardín de
Epicuro, nos permite reír de la insensatez sin
que caigamos en la debilidad de odiarla. …Por lo tanto, venezolanos
somos todos, también él, aunque haya quien dude.
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