
...Que la guagua va en reversaPublicado en el diario TalCual el viernes 17 de febrero de 2012 Ya aquí los
humoristas estamos de más, nos están dejando sin trabajo. Los conductores del
país, ya han convertido a Venezuela en una parodia. Es tan absurdo lo que ha
sucedido esta semana, que no hay manera de sacarle provecho humorístico. En
Venezuela, increíblemente, el humor se volvió crónica y la caricatura retrato.
Solo hay que contar lo que sucedió: resulta
que en unas elecciones en las que el gobierno no tiene ni arte ni parte,
llevadas adelante por un CNE que es de su propiedad –además-, donde todos los
precandidatos aceptaron los resultados, mas incluso con entusiasmo que con
resignación, el gobierno (¡sí el gobierno!) proclama fraude. Remataría Oscar
Yanes: “¡chúpate esa mandarina!” No conforme con esto (¡hay más!), el
Tribunal Supremo, declaradamente sumiso a la autoridad del único líder, decide que
hay que preservar unos cuadernos donde
están los nombres de los electores opositores, en un país en el cual, todo el
que ha expresado su opinión contra Esteban ha sido perseguido, sancionado,
execrado, multado o botado. En un país en el que, con la “Lista Tascón”, se arremetió
en contra de miles de ciudadanos. La
MUD, como fue su compromiso y deber (¡para proteger a los ciudadanos de la intimidación
gobierno!), ordenó la quema de los cuadernos electorales y el que te conté
dice, échale un camión de los de cargar hierro, que eso es una actitud
“fascista”. Aquí se dicen cosas así y la gente ni se pone colorada, quizá eso
explica el color del vestuario, para camuflar la desfachatez. La lectura que yo hago de lo sucedido, siguiendo
el pensamiento de Zapata, es que, así como hay menos libertad de expresión
entre los oficialistas, que en verdad pueden hablar menos que uno, también hay
allí más miedo. Pero hay otra lectura:
la amenaza. A uno le queda clarísimo desde el momento mismo en que el susodicho
dijo “esto no es una amenaza”, que es como cuando alguien te dice “no te vayas
a ofender”: de seguro viene insulto. La amenaza es la siguiente: si con estas
elecciones que ni nos importan, donde ni siquiera está en juego el poder del
líder, estamos dispuestos a llevarnos por delante (literalmente) a todo el que
luche por sus derechos, imagínense lo que haríamos si el que te conté pierde. Les
digo algo y esto no es una amenaza: la sociedad venezolana, como lo demostró el
domingo, no se deja amenazar. El miedo se esfuma, en la misma medida en que
queda desnudo el poder, convertido ya en su propia caricatura. Mi ambia, asere,
lo que sucedió esta semana es grande, porque se hizo demasiado evidente “que la guagua va en reversa”. |
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