
¡Miedo no!Publicado en el diario TalCual el viernes 10 de Febrero de 2012 Cuentan
que una vez dijo Franklin Delano: “a nada temo más que al miedo mismo”. Creo
que nadie más autorizado para hablar del popular culillo que Franklin Delano.
El miedo no es malo. Sin la prudencia que da el miedo a ser atropellado, por
ejemplo, ningún peatón caraqueño llegaría sano y salvo a su casa. El miedo es
un mecanismo de protección que tenemos los humanos para sobrevivir. Pero, por
otro lado, la única forma como el hombre ha avanzado en la historia es
venciendo sus miedos. Cuando perdió el miedo al fuego -que compartía con las
otras bestias-, lo dominó y tuvimos la primera parrilla de la historia y así
con todo: el miedo a pensar, a lanzarse al mar navegando, a volar y pare usted
de contar. Uno de los miedos más comunes de los
hombres, es el miedo a otros hombres, a los que por distintas circunstancias
están en situaciones de poder y lo ejercen arbitrariamente. Para estos, el
miedo es un instrumento de dominación. El presidente sirio, por poner un
ejemplo, confía en que bombardeando a su pueblo, este tendrá miedo de salir a
la calle a enfrentar sus abusos. Hitler confiaba en el miedo que producía en el
pueblo alemán, Gadafi en el terror de los libios. Pero resulta ser, que parte
de este avance de la humanidad estriba en que los pueblos han ido descubriendo
que los que deben tener miedo son sus conductores, sus líderes, porque están
sometidos al severo juicio de la colectividad. En tal sentido, no hay nada que
más asuste a un líder autoritario que un pueblo expresando su desacuerdo. Si
esto aterroriza a los líderes democráticos, imagínense cuanto más a aquellos
cuya fuerza depende fundamentalmente del miedo, que puede revestir muchas
formas: miedo a qué me metan preso si hablo, miedo a que me expropien, miedo a
perder el trabajo, miedo a que no me den la casa que necesito. Todos esos
miedos saben manejarlos muy bien los líderes del miedo y en algunos casos, como
en la pobre Corea del Norte, llega a extremos patéticos: temerosos del gobierno
que tienen, muchos norcoreanos salieron a llorar la muerte de “su amado líder”
públicamente. La gente se lanzaba al suelo en histriónicas pataletas. Así y
todo el sucesor del “amado líder”, el “amado bebe” mandó a campos de concentración a todos
aquellos cuyo llanto no parecía suficientemente real. Cuentan que Stalin tiene
los records de ovaciones más largos de la historia, porque cuando hablaba en público,
ninguno de los que aplaudía si atrevía a ser el primero en dejar de aplaudir y
aquello se prolongaba y se prolongaba, hasta que Stalin hacía una seña de que
pararan. Los pueblos así, culilluos, dan mucha
lástima, porque los líderes tarde o temprano pasan, pero las vergüenzas quedan
documentadas y cuando se miran desde la distancia, lucen particularmente
indignas. Este domingo, los venezolanos tenemos una buena oportunidad para
vencer el miedo que nos han ido metiendo. Un ensayo general de la despedida
definitiva del miedo el próximo octubre. Salgan a votar, masiva y
contundentemente, como dijo el Beato Juan Pablo II: “no tengáis miedo”, porque
a nada hay que temer más que al miedo mismo, agregaría Franklin y la única
manera de derrotarlo es haciendo lo correcto. Este domingo, lo correcto es
votar. |
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