
Esteban El MemoriosoPublicado en el diario TalCual el viernes 20 de enero de 2012 El que te conté nos anuncia que está a
puntico de pedir una sesión adicional a la Asamblea para “continuar” con su
discurso de memoria y cuenta. Si la memoria no estuvo completa, pues, no fue
por olvido, sino por falta de tiempo. Tampoco el presidente quería abusar de
sus interlocutores con las otras nueve o diez horas que deben restarle de
discurso. Por lo tanto es mejor picarlo en dos o en tres pedazos. También se
podría presentar una memoria y cuenta semanal de unas dos horitas, para no tener que generar ese
acumulado. Y si nos ponemos intensos, todas las tardes, al regreso del trabajo,
el presidente se podría dejar caer por el Palacio Federal y contarnos en unos
cuarenta minutos la memoria del día. Recordar es también olvidar lo no esencial de
las cosas que uno recuerda. La tragedia de “Funes el memorioso”, relatada por
Borges en el cuento homónimo, era que lo
recordaba todo. “En efecto, Funes no sólo recordaba
cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había
percibido o imaginado”. Así por ejemplo, memorizaba todos los perros que
conocía individualmente, pero era incapaz de comprender la idea genérica de
perro: “ le molestaba que el perro de las
tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las
tres y cuarto (visto de frente)”. De tal
manera que solo podía acercarse a las cosas en su extensión, pero nunca en su
concepto. Ireneo Funes, que todo lo recordaba, no podía, sin embargo, pensar,
porque el pensamiento también es olvido de lo no esencial. “Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo”. Dice Borges que Ireneo “Dos o tres veces
había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada
reconstrucción había requerido un día entero”. Lo malo de esto es que te quedas
en el tiempo y entonces, en vez de 13 años, tienes el mismo año repetido 13
veces. Creo que nuestro amado líder padece del mismo mal que Funes, recuerda
demasiado, por tanto, todas las horas serán insuficientes. Habría que hacer una
cadena de 24 horas diarias durante los 365 días del año, para que su “memoria y
cuenta” quedara adecuadamente registrada. De lo contrario, siempre quedará algo
fuera, pero quien no hace otra cosa que recordar no vive, se eterniza en lo
mismo. Lastima que tanta memoria no nos sirva para ayudarnos a pensar por qué
el país del barril de a más de cien dólares, este país cotidiano de los que
andamos sin escoltas por las calles en
colas, en supermercados, cayendo en huecos, en atracos, esta tan distante del
que él nos cuenta. Es el mismo problema
de Ireneo Funes: recuerda tanto, que lo olvida todo. |
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